martes, 23 de enero de 2007

La vacuna de don Óscar


La vacuna de don Óscar

Columnista huésped | Enero 23, 2007 | 377 palabras

Por Dorelia Barahona
Don Óscar recibe el pinchazo en el brazo y es simbólico.
No solo estamos hablando de un ejemplo que debe dar a la población, como lo es vacunarse contra la gripe, ya que se encuentra en el grupo de oro, sino que pone el brazo para que la aguja con los venenillos que le darán inmunidad contra la influenza, lo hagan también contra el mal de la autocomplacencia, la autopropaganda, y la anunciada generosidad de donar su salario, "porque toda Costa Rica sabe que él no necesita de ese salario para vivir", y por si quedaran dudas para muestra un botón.
Va el pinchazo y la sonrisa de aceptación junto con todo el combo de "magnánimo Cesar" a ver si acaso así el TLC nos lo comemos con azúcar.
Como la mejor de las vacunas cuando le ponían al niño el terroncito en la lengua para que dejara de pensar en el piquete.
Y es que así es la vida. Las acciones, mediadas o no, actuadas o no, nos hablan desde los símbolos. Nos convencen, nos hacen dar giros. Los publicistas lo saben muy bien.
Al recibir el pinchazo parece que don Óscar nos dice: "vean cada día doy más pruebas de hacer lo correcto. Vean, valió la pena cambiar la Constitución. Valió la pena porque cada día soy más bueno, por lo tanto cada acción que haga es el ejemplo a seguir, así que amigos y amigas, tienen también ustedes que vacunarse contra la enfermedad de la rebeldía, del extremismo y de la ceguera política aprobando el TLC y cada posición política que este Premio de la Paz proponga…"
A mí en lo personal me parece genial la manera como el encargado de imagen de don Óscar le ha ido sacando provecho a todas sus características, incluidas las físicas. Pero otra cosa muy distinta es asegurar que sea lo bueno, lo ejemplar y lo maravilloso, ya que "aunque tan solito es feliz porque tiene un millón de amigos… ¡ah pecado!" que en estos días se han dejado decir. ¿No es mucha la casualidad?
En todo caso vacunémonos también nosotros contra la ingenuidad. Aunque nos duela, no nos den azúcar ni nos tomen foto. ¡Ah pecado, nosotros tan soplillas!
(La Prensa Libre)

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