La hora de la inconciencia
Flora Fernández | Enero 28, 2007 | 557 palabras
Un diablito malo se colocó en tu hombro derecho y te dijo, "no seas tonto, hombre, date cuenta que repartieron grandes sobornos que superaban los dos y medio millones de dólares, la noticia salió publicada en los periódicos, nada pasó, simplemente quedaron bien forrados". El diablito guardó silencio unos instantes y agregó: "¡al fin y al cabo no es para eso que sirve la política!"
El angelito bueno, en tu hombro izquierdo te gritaba: "¡el dinero no es todo, piensa en tu honorabilidad y en el pueblo que te eligió!". El angelito inútilmente se desgalillaba tratando que lo escucharas, mientras el diablito dejaba caer las monedas una a una. Ese tintineo te pareció tan dulce que no podías poner atención a otra cosa. Con la astucia que caracteriza a los diablitos, te dijo: "quien te quitará lo bailado". ..
El angelito frustrado, al darse cuenta que ponías oídos sordos ante su clamor, fue a buscar a buenas personas que te apreciaban y trataron de abrir tus ojos y tu corazón. El angelito bueno y tus consejeros aprovecharon para ayudarte a escuchar a tu conciencia, la que te habló claro y para no olvidar lo que habías escuchado, lo escribiste y le pusiste la firma, como se la pusiste a Crisol.
Entonces el diablito asustado, fue a buscar monedas más grandes y ruidosas que rápidamente encontró, volvió a posarse en a tu derecha y esto te dijo al oído: "Hombre, no te das cuenta que con esto ya vas a pasar tranquilo el resto de tu vida" y luego repuso "guarda tu conciencia dentro de la billetera y olvídalo todo" ¿le hiciste caso?
De repente dejaste de ser una esperanza para convertirte en un cómplice, tus electores se sienten traicionados porque habías condicionado que no olvidarías a los más humildes que confiaban en ti y no estás cumpliendo con tu palabra. Dejarás con las manos vacías a quienes necesitan medicinas y libros que no podrán pagar, mientras acumularás dinero tus arcas. Has decepcionado a quienes creyeron que eras diferente y resultaste ser un político como todos los demás. ¿No te diste cuenta, que con los que te asociaste te van a despreciar, porque saben que tienes precio? Te usarán y te desecharán, nadie más te va a respetar.
El diablito malo te dijo: "tranquilo, tu alcancía siempre estará llena y podrás comprarte todas las cosas que quieras". El angelito de inmediato respondió "con dinero no podrás comprar un nombre respetable y ya perdiste la paz porque ocupas custodios que te cuiden, ¡tienes miedo!". El diablito agregó "Otros hicieron los mismo, y hoy acumulan más dinero en sus repletas arcas, vas a tener lo mismo y mucho confort". El angelito respondió "el prestigio no se compra, el oro no se come, no te cura el alma, tu honor quedará mancillado. La frugalidad y el buen nombre son los que te dan dignidad, la que siempre habías tenido".
Pero valió la pena, te dice el diablito malo: "No te preocupes, la gente todo lo olvida y el tiempo lo desvanece. El dinero se queda". Y terminó con esta frase: "Yo te lo digo… en mí puedes confiar" y confiaste en el diablito malo.
El angelito bueno se fue buscar al pueblo para regresar con una enorme manifestación pidiéndote que regreses a su lado antes que sea muy tarde. ¿Lo escucharás?
Flora Fernández | Enero 28, 2007

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