AL GRANO
> Fuente periódico La Nación
> Noticia en La Nación AQUI
>
>
> Édgar Espinoza
> eespinoza@nacion. com
>
> Con Óscar Arias en Zapote, o en Rohrmoser, necesitamos un John Biehl. El
> John que sea la mitad que el Presidente no tiene: ¡inteligencia emocional!
> Y que tanta falta le podría estar haciendo para navegar en aguas
> procelosas. Sin un John, Óscar funciona sólo con la cabeza, mas no con la
> intuición. Y la cabeza no es todo. A ratos esta es veleidosamente
> racional. Si la mente no está en sintonía con el corazón, si ambos no
> hacenYin Yang , o tucu-tucu, para decirlo en tico, la cosa está jodida. Y
> el país no parece estar haciendo tucu-tucu.
> En cambio, con un John haciéndole al Presidente una buena lectura de los
> imponderables del poder, y una mejor mixtura para asumirlos, como en los
> jubilosos 86-90, Óscar se hubiera ahorrado canas, más de un chichón y uno
> que otro horror. Además, se hubiera ahorrado valioso tiempo para lo que le
> gusta: escuchar a Mendelssohn, ver al Barça como si fuera el Herediano, y
> disfrutar por tele de su actorazgo en los cortos presidenciales.
> Un John, pues, hubiera sido de nuevo su ángel, susparring , su todo.
> Incluso su chaperón, para blindarlo de tantas fans en busca de notoriedad.
> Sobre todo ahora en esta Costa Rica tan > "> gallita> "> . Tan sublevada.
> ¿Por qué no admitirlo? ¿Acaso otros gobernantes, reyes y emperadores no
> tuvieron también sus Biehlitos? Maquiavelo le soplaba infidencias a los
> príncipes, y Erasmo sus locuras a don Carlos V. ¿Entonces?
> Un John le hubiera ayudado a Óscar a manejar mejor su rencor contra Ottón
> Solís, y hasta le hubiera susurrado en la intimidad de un vino tinto: > ">
> mirá, Ójcar (en buen chileno), dejate de vainas. Ottón casi te derrota y
> aún no lo podés asimilar. Llamalo sin hacerle trompas y sentalo a negociar
> con vos> "> . A la larga, hasta hubiera servido para que el TLC no se nos
> convirtiera en lo que es hoy: unT irarseL osC alzones de propios y
> extraños. Pero sin un John, quedó a la intemperie el Óscar que no perdona
> que un ex- ministro suyo lo haya desafiado. Y ¿no era que le fascinaba la
> oposición para no parecerse a su majestad Hugo el Magnífico?
> Además, un John le hubiera evitado a Óscar el papelón de ir al Vaticano a
> decirle ocurrencias al Papa, de amortajar a Fidel antes de tiempo para
> correr y redimir a Cuba, y de sobreexponer innecesariamente al país ante
> el vitriólico Chávez.
> En fin, el mentado John quizá le hubiera hecho ver a Óscar que, como
> premio Nobel de la Paz, le puede hacer el amor al mundo entero, pero, como
> presidente de Costa Rica, doña Prudencia se impone.
> Fuente periódico La Nación
> Noticia en La Nación AQUI
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>
> Édgar Espinoza
> eespinoza@nacion. com
>
> Con Óscar Arias en Zapote, o en Rohrmoser, necesitamos un John Biehl. El
> John que sea la mitad que el Presidente no tiene: ¡inteligencia emocional!
> Y que tanta falta le podría estar haciendo para navegar en aguas
> procelosas. Sin un John, Óscar funciona sólo con la cabeza, mas no con la
> intuición. Y la cabeza no es todo. A ratos esta es veleidosamente
> racional. Si la mente no está en sintonía con el corazón, si ambos no
> hacenYin Yang , o tucu-tucu, para decirlo en tico, la cosa está jodida. Y
> el país no parece estar haciendo tucu-tucu.
> En cambio, con un John haciéndole al Presidente una buena lectura de los
> imponderables del poder, y una mejor mixtura para asumirlos, como en los
> jubilosos 86-90, Óscar se hubiera ahorrado canas, más de un chichón y uno
> que otro horror. Además, se hubiera ahorrado valioso tiempo para lo que le
> gusta: escuchar a Mendelssohn, ver al Barça como si fuera el Herediano, y
> disfrutar por tele de su actorazgo en los cortos presidenciales.
> Un John, pues, hubiera sido de nuevo su ángel, susparring , su todo.
> Incluso su chaperón, para blindarlo de tantas fans en busca de notoriedad.
> Sobre todo ahora en esta Costa Rica tan > "> gallita> "> . Tan sublevada.
> ¿Por qué no admitirlo? ¿Acaso otros gobernantes, reyes y emperadores no
> tuvieron también sus Biehlitos? Maquiavelo le soplaba infidencias a los
> príncipes, y Erasmo sus locuras a don Carlos V. ¿Entonces?
> Un John le hubiera ayudado a Óscar a manejar mejor su rencor contra Ottón
> Solís, y hasta le hubiera susurrado en la intimidad de un vino tinto: > ">
> mirá, Ójcar (en buen chileno), dejate de vainas. Ottón casi te derrota y
> aún no lo podés asimilar. Llamalo sin hacerle trompas y sentalo a negociar
> con vos> "> . A la larga, hasta hubiera servido para que el TLC no se nos
> convirtiera en lo que es hoy: unT irarseL osC alzones de propios y
> extraños. Pero sin un John, quedó a la intemperie el Óscar que no perdona
> que un ex- ministro suyo lo haya desafiado. Y ¿no era que le fascinaba la
> oposición para no parecerse a su majestad Hugo el Magnífico?
> Además, un John le hubiera evitado a Óscar el papelón de ir al Vaticano a
> decirle ocurrencias al Papa, de amortajar a Fidel antes de tiempo para
> correr y redimir a Cuba, y de sobreexponer innecesariamente al país ante
> el vitriólico Chávez.
> En fin, el mentado John quizá le hubiera hecho ver a Óscar que, como
> premio Nobel de la Paz, le puede hacer el amor al mundo entero, pero, como
> presidente de Costa Rica, doña Prudencia se impone.

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